PODEROSO CABALLERO

Se ha creado una gran polémica sobre si las medicinas/terapias naturales/alternativas/complementarias/tradicionales/no convencionales, son o no un engaño. Vamos a intentar a arrojar algo de luz sobre el tema, para ello os paso un estudio del ministerio de sanidad para que podáis enmarcar la opinión del ministerio a este respecto, mas adelante os pondré la opinión de la Organización Mundial de la Salud.

Muchas veces me preguntan por qué tantos términos y tan ambiguos para referirse a todas estas técnicas. Bueno, empezaré por decir que la controversia terminológica se debe concretamente a la legislación, pues hay términos que no se pueden usar como la palabra medicina seguido de otro término como natural o alternativa si no es un médico el que la practica. Hay otro montón de términos que no se pueden usar si no eres un profesional de la salud al uso (médico, enfermero o fisioterapeuta)..

Ambos tienen razón, pero lo más importante, es que ambos se equivocan.

Para entender esto tenemos que remontarnos unos pocos años atrás, no sufras, sólo es hasta la prehistoria.

Desde los orígenes, el ser humano ha tratado de dar explicación al mundo que le rodeaba y a su propia realidad. Esta búsqueda incesante le llevó a hacerse preguntas a las que, a lo largo de la historia, les hemos dado diferentes respuestas, que iban variando dependiendo del periodo histórico y del conocimiento técnico que tuvieran en dicho periodo. Así, durante muchos miles de años, a falta de una explicación convincente del por qué de la realidad que vivían, se les fue atribuyendo a sus deidades culturales los sucesos del mundo que no podían explicar. Sin pensar mucho se me ocurren cientos de ejemplos, como el dios Thor que hacía retumbar el mundo con los golpes de su martillo y las chispas que producía iluminaban el cielo, para así, poder darle alguna explicación a los rayos y truenos. Al empezar por aquí me resulta un poco más fácil explicar el por qué de algunas cosas, te pido un poco de paciencia querido lector.

Poco a poco, el ser humano fue adquiriendo conocimientos técnicos por medio de la observación, la experimentación, la obtención de resultados y la deducción, desarrollando teorías que poco a poco fueron comprobándose o desechándose a lo largo de la historia, incluso algunas de las desechadas, fueron rescatadas años o siglos más tarde para volver a ponerlas sobre la mesa y observarlas con las nuevas y modernas técnicas de un tiempo después.

No quiero enredarme mucho en esto, pero también se me ocurren algunos ejemplos de grandes descubrimientos o teorías que por razones políticas, económicas, religiosas o culturales fueron denostadas para ser recuperadas años o siglos después. Estás pensando en Darwin y su teoría de la evolución ¿eh? Bueno, es uno de los miles ejemplos de filósofos y científicos que en su tiempo fueron tachados de herejes, incultos o locos por uno u otro motivo, aunque generalmente la razón subyacente no era ideológica, ni científica ni técnica ¿os imagináis cuál podría ser?

Pero puesto que estamos pensando en Darwin, me trae de nuevo a la medicina moderna, ya que en el siglo XIX nace la fundamentación de la medicina tal como la conocemos, basada en la evidencia científica y no en la experiencia individual de cada médico, que es como se venía haciendo hasta la fecha. Esto era así principalmente por motivos económicos. No me estoy metiendo en las motivaciones personales de los médicos de la época, obviamente muchos lo harían por amor al prójimo, pero es indudable que, al destacar, conseguían un prestigio social, mayor número de clientes y de mayor poder adquisitivo y por supuesto, financiación para sus proyectos de investigación, eso dejando a una parte, aquellos que inventaban algún que otro fármaco “milagroso” que curaba las dolencias de la gente.

Lo que me lleva al siguiente nivel, los fármacos. ¿Cómo han evolucionado los fármacos a lo largo de la historia? Pues bastante, la verdad, sobre todo en el siglo XX. Si hacemos un seguimiento de los fármacos, descubriremos que al principio de los tiempos se descubrieron por el mismo método científico que usaban los filósofos griegos y que sigue vigente hoy en día (aunque con matices) en la medicina actual, el empirismo. Por medio de probar algo (normalmente una planta o un derivado) y observar sus efectos, o bien de observar los efectos tras probar algo y recabar datos de las diferentes pruebas y los resultados obtenidos, es como centuria a centuria llegamos a la medicina y la farmacología modernas.

Lo que banalmente conocemos como “remedios caseros” o, “sabiduría popular” lleva cientos, o miles de años de evolución y desarrollo en el método empírico como para descartarlo de golpe con un simple “¡bah!” ¿no os parece? Pues exactamente eso es lo que hace la medicina moderna y en especial la farmacología, con técnicas como la fitoterapia (estudio de las plantas medicinales), olvidando intencionadamente, que los principios activos de los fármacos que ingerimos en la actualidad, salen de esas plantas. Menosprecian intencionalmente, la cantidad de principios activos que tiene una planta con respecto a un fármaco. Es absolutamente cierto, que la concentración de ácido acetilsalicílico que tiene una sola Aspirina®, es infinitamente mayor que el que tiene un trocito de corteza de Salix Alba (Sauce blanco), lo cierto es que la repercusión de la ingesta de una sola Aspirina® y sus efectos secundarios, también son infinitamente mayores que los que tiene una infusión de corteza de sauce blanco, eso sí, la corteza la puedes coger tú, y el fármaco te lo venden.

Pero no me malinterpretéis, con esto no quiero demonizar ni la farmacología ni mucho menos a la medicina, solo trato de ponderar las razones que hay detrás de la cruzada que las farmacéuticas tienen contra la medicina natural. Eso no significa que nos volvamos unos radicales y solo tomemos infusiones, tinturas y cataplasmas, desoyendo la opinión de los médicos cuando tenemos una enfermedad grave. Sería un mal terapeuta si os dijera algo así, de hecho, me parece una barbaridad que se juegue con la vida de la gente de esa manera, entre otras cosas, porque eso me convertiría en lo mismo que trato de combatir. Creo que se trata de hacer las cosas de una forma diferente, y a mi juicio mejor. Esa forma se llama colaboración.

Yo como fitoterapeuta, cuando me encuentro con un paciente que tiene una enfermedad, lo primero que le digo siempre, no por guardarme las espaldas, sino por ética profesional, es que vaya al médico y le comente las pautas que yo le he dado. Por si el médico ve que pueda haber alguna interacción de mis pautas, o las plantas que le he recomendado, con el historial clínico del paciente o con los medicamentos que esté tomando en el momento de la consulta. Creo que es mi responsabilidad como terapeuta de la salud actuar así.

Desgraciadamente, la mayoría de los médicos que mis pacientes y yo nos hemos encontrado, no tenían mucha idea y su respuesta era que “si es natural no pasa nada”. Me van a perdonar aquellos que den ese consejo, sean quienes sean, pero eso sí que es una irresponsabilidad terrible y peligrosa para la salud. La amanita muscaria es natural y altamente tóxica, el láudano, que por cierto, era una de las “medicinas milagrosas” del siglo XIX de las que hablaba antes, es una tintura alcohólica que tiene opio como base, que también es natural, las simples hojas de Sen, que veo que la gente las recomienda con mucha ligereza para problemas de estreñimiento, si bien es cierto que a la mayoría de la gente no le sienta mal cuando se usa para aliviar el estreñimiento ocasional, puede ser irritativa de la mucosa intestinal ¿os imagináis que se la recomendamos a alguien con colon irritable?… podría seguir durante horas, pero creo que el concepto ha quedado bastante claro. El ejercicio de responsabilidad debe ser bidireccional, pero cuando solo va en una dirección, es muy fácil culpar al otro de estar siendo irresponsable.

En conclusión, hay un interés detrás de cada cosa que tiene relación con la salud, si queréis saber más acerca de esto, os recomiendo que leáis la web de la OMS (Organización Mundial de la Salud) para aclarar si son o no reconocidas como terapias y si deberían o no incluirse en el sistema público de salud. En fin, que no os dejéis guiar por los intereses económicos de otros.

Nos leemos por aquí y como siempre, podéis hacer los comentarios que os parezcan oportunos, que yo no censuro.

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