LAS TRES FASES DE LA SALUD

Desde mi perspectiva, hay tres estados por los que pasamos cuando una lesión o dolor nos aqueja, me gusta llamarlas Las tres fases de la Salud. Generalmente tienen un orden fijo:

La primera, la fase uno, yo la llamo Fase de Salud, en la que todo funciona correctamente y es, por desgracia, la que nos pasa desapercibida la mayor parte del tiempo.

La segunda fase de las tres fases de la Salud, normalmente es la que más se prolonga en el tiempo, es aquella en la que nuestro cuerpo nos va mandando avisos de que algo no va bien, pero no le prestamos demasiada atención (por no decir ninguna) porque solo notamos las molestias de forma espaciada e intermitente y generalmente son, dolores agudos pero que duran pocos días, o molestias menores, tensiones, cansancio que achacamos al estrés. A esta fase la llamaremos la Fase de Señales.

Por último, para completar las tres fases de la Salud, llega la Fase del Dolor, en la que nuestro organismo, cansado de mandarnos whatsapps a los que nunca atendemos, decide presentarse en casa y echar la puerta abajo. Ésta es la fase donde solemos acudir a un profesional para revertir lo que, de haber hecho caso a nuestro cuerpo, nunca hubiera llegado a pasar.

Os diré lo mismo que le digo a todo el que viene a verme a consulta:

“Entiendo que nuca es buen momento, que no tienes tiempo, que sales muy tarde y llegas muy cansado, entiendo que económicamente no te viene bien… Todos son motivos válidos, comprensibles, pero… ¿y si te dijera que te sale mucho más caro en tiempo y dinero buscar un terapeuta en la Fase del Dolor que venir en la Fase de Señales?”

Os explico por qué.

En la Fase Dolor, se activan todos los mecanismos de defensa del cuerpo para proteger la zona, la musculatura se tensa creando contracturas difíciles de eliminar, esas contracturas a su vez, derivan en posiciones antiálgicas, que para los que no conozcáis el término, significa que tu cuerpo busca posturas en las que el dolor sea menor o desaparezca. Esto que a priori puede parecer bueno, acaba por crear tanta tensión en los músculos que bloquean las articulaciones en posiciones que están fuera del rango de movilidad articular y que, a su vez, crean problemas reflejos en otras zonas debido a las posturas incorrectas que adopta nuestro cuerpo, generando así lo que llamamos lesiones de compensación y que frecuentemente, acaban doliendo más que el dolor original.

Os pongo un ejemplo. Cuando nos torcemos un tobillo, normalmente cojeamos y además nos encorvamos para evitar el dolor que nos produce caminar erguidos. Voy a intentar desglosaros de forma sencilla lo que ocurre en esta postura antiálgica y sus consecuencias:

COJEAMOS: el apoyo del pie no es el anatómico, es decir, no apoyamos el pie de la manera en la que el pie está diseñado para apoyarse, lo que produce un aumento de las presiones sobre la rodilla debido a la incorrecta repartición de pesos. Los músculos de la pierna se ven obligados a trabajar en posturas que generan tensiones que llegan hasta la cadera obligando, entre otros, al músculo psoas ilíaco (ya hablaremos más de este pillín) a trabajar mucho más para levantar la pierna.

NOS ENCORVAMOS: lo que produce que el diseño de nuestra columna no sirva para nada, pues está específicamente diseñada para caminar erguidos y así reducir las tensiones que la fuerza de la gravedad produce en nuestro cuerpo. Al caminar encorvados la gravedad incide directamente en nuestra zona lumbar, en vez de distribuirse por toda la columna, por lo que la musculatura de la zona se ve obligada a trabajar infinitamente más y generando así nuevas contracturas y acortamientos, especialmente en el cuadrado lumbar y en el músculo psoas ilíaco (¡vaya! parece que es la segunda vez que sale, ¿no?).

Como podéis imaginar, esas tensiones, más allá de tener o no un esguince, puede generar lesiones reflejas, o lo que llamamos lesiones de compensación, pues eso es lo que está haciendo el cuerpo, compensarse para evitar el dolor, produciendo así tensiones en zonas que, de no haber cojeado y haber tratado el esguince a tiempo, podríamos haber evitado.

¿A dónde nos pueden llevar esas tensiones si no las tratamos? Bueno, esa pregunta es algo más compleja de responder ya que depende de muchos factores que no vamos a especificar aquí por lo extenso del tema. Baste decir que esas tensiones ya hemos visto que, debido al reparto de peso puede producir dolor en rodilla. Por la posición nos las puede producir en lumbares y en psoas que, como ya os imaginareis, puede llevar a una lumbalgia. Pero lo que seguro que no os imagináis es que también puede derivar en una ciática, ¿te imaginas por qué?… efectivamente, nuestro amigo el psoas ilíaco.

En conclusión, hemos visto como una molestia, aparentemente pasajera como es una torcedura de tobillo y que nos produce un dolor moderado durante unos cuantos días puede, con el tiempo (no mucho, no creáis), derivar en una lesión bastante más incapacitante como pueda ser una ciática, aquellos de vosotros que la hayáis sufrido sabréis por qué digo lo de incapacitante y los que no lo hayáis hecho creedme, no queréis experimentarlo.

Hasta aquí ha llegado mi forma de entender las tres fases de la salud, espero que os haya gustado, si es así, nos vemos en el siguiente post.

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